"Cartavio un Mundo que descubrir"
 
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EL Complejo y el Ron Cartavio orgullo de todo Cartavino
A mediados del siglo XV se inició el primer ingenio azucarero del Perú, en estas tierras, bautizando este lugar como San Francisco de Buenos Aires. Su primer dueño fue el español Don Melchor de Osorno.

En 1591 esta propiedad fue vendida a otro noble español llamado Juan de Herrera y Salazar, continuando con el cultivo de caña de azúcar.

En 1782 el Sr. Domingo CARTAVIO, adquiere esta propiedad y la amplía, a la vez que este lugar empieza a denominarse CARTAVIO.

En 1872 la hacienda CARTAVIO pasó a poder de la Casa Grace. En los años 1880 a 1882, por efectos de la guerra con Chile, la mayoría de las haciendas aledañas con sembríos de caña quedaron en muy malas condiciones, lo que posibilitó que extendiera su extensión agrícola por la compra de terrenos de estas pequeñas haciendas y de las comunidades.

En 1892 Cartavio adoptó la denominación de: “CARTAVIO Sugar Company Perú Ltda.” y Grace establece su sede principal en la Ciudad de Trujillo.

En 1912 la “Sociedad Chicama Central Sugar Factory” adquirió la propiedad de la oficina de Molienda y Beneficio de Caña del fundo de CARTAVIO. Por escritura pública del 20 de Julio de 1917 se constituyó la compañía Agrícola Carabayllo, que era una de las razones sociales de Grace. En 26 de Julio de 1961, se modifica la denominación social y empieza a llamarse: “CARTAVIO Sociedad Anónima”

En 1969 CARTAVIO fue intervenida por el gobierno de las Fuerzas Armadas al amparo de la ley de Reforma Agraria y el 28 de Setiembre de 1970, se asienta en registros públicos como “Cooperativa Agraria de Producción CARTAVIO” pasando la propiedad a sus trabajadores en calidad de cooperativistas. El 07 de Junio de 1996, la cooperativa CARTAVIO, por decisión de sus socios cooperativistas deciden convertirse en Sociedad Anónima.

El 28 de Abril de 1997 es inscrita como Sociedad Anónima con la denominación de: “Complejo Agroindustrial CARTAVIO S.A.A.”. El 05 de Octubre de 1998, en Junta General de Accionistas, asume la conducción empresarial del Complejo Agroindustrial CARTAVIO S.A.A. la firma Azucagro S.A. como accionista mayoritario.

El ingenio está situado en la parte más baja del valle del Río Chicama a 600 km al norte de Lima, en el distrito de Santiago de Cao, Provincia de Ascope, Departamento de La Libertad entre los 7° 52' 60 S y 79° 13' 60 W; a una altitud que va desde 50 m.s.n.m en su punto más bajo hasta 160 m.s.n.m en su punto más alto.

La topografía de Cartavio es plana con gradientes de aproximadamente 6%; su suelo es franco arenoso, similiar a todos los suelos de la costa peruana.
Somos uno de los más grandes ingenios azucareros del Perú y aprovechamos la generosidad de nuestros suelos para cultivar y cosechar la caña de azúcar la cual procesamos e industrializamos para convertirlas en azúcar de consumo doméstico e industrial y así también producimos alcohol para la fabricación de combustible y para la industria.

Nuestra tecnología de avanzada en el proceso del azúcar con modernas maquinarias en el área de la Fábrica y los conocimientos de nuestros especialistas y técnicos permite elaborar con garantía y eficiencia azúcar rubia, blanca refinada y azúcar blanca directa tanto para los ámbitos industriales como para el consumo doméstico siguiendo parámetros interacionales de calidad en cada uno de los procesos. El nivel de producción que alcanzamos satisface un porcentaje del total de consumo nacional y también permite exportar azúcar a granel a otros mercados como el norteamericano.

Los diferentes tipos de azúcar que producimos son:

Azúcar Rubia Doméstica (50 kgs bls).
Azúcar Rubia a granel tipo exportación.
Azúcar refinada doméstica (50 kgs bls).
Azúcar refinada premiun (50 kgs bls).
Azúcar blanca industrial (50 kgs bls).
Azúcar blanca doméstica (50 kgs bls).
Dentro de nuestras operaciones también tenemos la producción de alcohol la cual exportamos a mercados internacionales como el europeo y próximamente se producirá alcohol anhidro destinado a reemplazar el plomo en los combustibles.
 
Los 70 años de Cartavio: un ron que descansa en barriles de roble.
ALfinal de un polvoriento camino, a cuarenta minutos de la ciudad de Trujillo y bajo un sol atenazante que se rebela al otoño, se ubica la planta de elaboración de ron más antigua del Perú. Más allá de sus impecables muros, colindantes con el exquisito rumor que producen cientos de hectáreas de caña listas para la safra, se alza una construcción que poco tiene que ver, dada su modernidad, con aquella que en mayo de 1929 echara a andar la naciente destilería de ron de la compañía Británica Americana Grace Co.
Desde aquellos días muchos acontecimientos han moldeado a esta industria. Los vaivenes empresariales producto de la inestabilidad en la economía y las frustraciones de la reforma agraria -de la que pronto se conmemorará tres décadas- echaron por la borda toda iniciativa de modernización. En 1994, Cartavio era una empresa quebrada, con una pésima reputación en torno a la calidad de sus destilados y puesta a remate que consiguió remontar el fracaso cuando sus nuevos propietarios la dotaron de la tecnología necesaria para abrirse campo allí donde muy pocos se atrevían. "En la actualidad, ron Cartavio no sólo ha ganado posiciones expectantes en el mercado interno sino que se exporta a España, Colombia y Centro América en un ejercicio expansivo importante para la industria de su género", afirma Mario Maggi, vicepresidente de Destilería Peruana.
Cuatro ingenios azucareros dan la melaza necesaria (1000 toneladas mensuales) para la elaboración del ron.

En esta destilería cualquier detalle acerca de la elaboración y añejamiento del ron es capaz de sorprender al más curtido habitué de bares y chinganas. 1000 toneladas de melaza, derivado directo de la caña de azúcar, son procesadas mensualmente -de lunes a domingo las 24 horas del día- y bajo supervisión computarizada para elaborar más de medio millón de cajas de ron al año. Dos robots PLC comandan las computadoras encargadas de monitorear que torres y calderas funcionen de acuerdo con el estándar establecido para dar con el aroma y sabor que Cartavio ha escogido para sus rones. El control de calidad que incluye análisis sensoriales -cata incluida- y que podría alcoholizar al menos avisado, transcurre (vaya si no es un verdadero sacrificio) de la mano de la cordura. Luego de la complicada elaboración de alcoholes livianos y pesados, cuyas concentraciones y apropiadas combinaciones dotan de carácter al licor, el ron pasa a los barriles de añejamiento que habrá de depositarse en bodegas para un reposo de cuando menos dos años.
El añejamiento es otra historia. Las bodegas destinadas a esta sacra función generan un "ambiente" en el que cada uno de sus 30,000 barriles -de 200 y 500 litros- descansan plácidamente, protegidos del calcinante sol y demás humores que puedan perturbar su sueño. Estos barriles de roble blanco, traídos desde décadas de Eslovenia, son el inmejorable habitáculo para que el ron alcance madurez y nobleza. Cuando irrumpimos en ella y deambulamos por sus laberínticos pasadizos, sobrecogidos por un aroma gratamente dulzón -similar al de cáscaras de plátanos rebozantes de miel-, Mario Maggi y Federico Schulz, gerente de planta, me advierten, susurrantes, del cuidado que hay que tener: "Silencio... el ron descansa... no nos atrevamos a perturbar su sueño", declaman uno tras otro.
Así irá envejeciendo entre dos y seis años y luego cruzará más de mil kilómetros hasta llegar a Tacna para ser embotellado. Son los trajines de una de las bebidas de mayor arraigo en el gusto popular y que en estos últimos tiempos ha logrado niveles de calidad que le permiten competir internacionalmente. De 1929 para acá mucho ha corrido -resacas incluidas- configurando bemoles que el tiempo y la experimentada mano de técnicos peruanos están empezando a borrar. Salud por ello.
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